Argentina: un cambio de estructura productiva en un nuevo contexto internacional

Invitado por las autoridades del Instituto Argentino de Energía «General Mosconi» hice una exposición sobre las transformaciones de la economía argentina en el nuevo contexto internacional. El argumento central es que Argentina asiste a una modificación de su estructura productiva que ofrece nuevos nexos, principalmente de tipo comercial, con la economía internacional. Esto ocurre al mismo tiempo que el contexto global también se reconfigura de manera acelerada. El texto a continuación sintetiza los conceptos principales. En el cierre del mismo se encuentra el enlace para acceder al archivo con la presentación.
Una doble mutación simultánea
La coyuntura argentina de 2025-2026 se distingue por la concurrencia inusual de dos transformaciones de gran escala que se refuerzan mutuamente. En el plano internacional, el orden económico y comercial gestado en la posguerra experimenta una ruptura acelerada: el multilateralismo cede terreno ante la geopolítica, los aranceles se convierten en instrumentos de alineación estratégica y las cadenas globales de valor se fragmentan. En el plano doméstico, Argentina ejecuta un giro drástico en su estrategia de desarrollo, orientado a la estabilización macroeconómica, la apertura comercial, la desregulación y la atracción de inversiones en sectores exportadores de recursos naturales. La singularidad del momento radica precisamente en esa sincronía: ambas transformaciones se despliegan de manera simultánea y con velocidad inusitada.
El contexto internacional: geopolítica, fragmentación y energía
Los anuncios arancelarios de la administración Trump en abril de 2025 —el denominado Liberation Day— sacudieron los mercados globales y revirtieron casi un siglo de liberalización comercial progresiva: los aranceles efectivos de Estados Unidos se multiplicaron aproximadamente 7,5 veces, pasando de 2,2% a 16,5%. Sin embargo, las negociaciones con los principales socios comerciales evitaron una guerra comercial generalizada; la excepción relevante es China, que quedó en el centro de la confrontación estratégica. La economía global demostró resiliencia en 2025, con un crecimiento del 3,3%, aunque la incertidumbre se ha acentuado en 2026 a partir de la escalada del conflicto en Medio Oriente, que provocó una fuerte disrupción en los mercados energéticos —particularmente en el gas natural— y eleva los riesgos para el crecimiento y la inflación global.
En América Latina, la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (noviembre de 2025) reencuadra la región como zona de interés vital, con foco en recursos naturales, minerales críticos y vías estratégicas de comunicación. Los aranceles operan, en este marco, como instrumentos de presión y alineación geopolítica. Argentina se ubica en una posición singular: su alineamiento con Washington —y con Israel— precede al segundo mandato de Trump, lo que le otorga un punto de partida diferencial respecto de otros países de la región, aunque también limita márgenes de maniobra ante potenciales fluctuaciones en las prioridades de la administración norteamericana.
La transformación doméstica: estabilización y apertura
El programa económico en curso reposa sobre cuatro pilares: ancla fiscal y cambiaria para la desinflación; apertura y desregulación de la política comercial; el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) como vector de atracción de capital en sectores estratégicos; y una reforma laboral orientada a reducir costos. Los resultados en materia de desinflación son significativos —la variación interanual del IPC pasó de 211,4% en diciembre de 2023 a 32,4% en abril de 2026—, aunque aún no se alcanza la estabilidad de precios plena. El ajuste fiscal ha sido contundente: el gasto público del gobierno nacional cayó desde un pico de 24,2% del PIB en 2020 hasta aproximadamente 14,5% en 2025, nivel históricamente bajo. El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y los avances en las negociaciones comerciales —MERCOSUR-Unión Europea, Estados Unidos— consolidan el marco externo del programa.
El nuevo dinamismo exportador
El rasgo más novedoso de la transformación en curso es la emergencia de un dinamismo exportador sustentado en sectores basados en recursos naturales. Energía, minería y agroindustria lideran el crecimiento de la actividad y de las exportaciones. Las proyecciones del FMI anticipan que las exportaciones de bienes crecerán sostenidamente durante el período 2025-2030, con el sector energético como principal motor: el saldo comercial energético pasaría de 8.100 millones de dólares en 2025 a 18.600 millones en 2031. Este dinamismo permitiría reducir el déficit de cuenta corriente y disminuir el riesgo de crisis del sector externo, que históricamente ha sido el principal condicionante del ciclo económico argentino. En ese sentido, el escenario actual representa una ruptura estructural con respecto al patrón recurrente de stop-and-go de las últimas décadas.
La tensión central: crecimiento sin empleo y desbalances regionales
La transformación productiva en curso entraña, sin embargo, una tensión estructural de difícil resolución. Los sectores con mayor dinamismo —energía, minería, agricultura de precisión— son actividades intensivas en capital y con escasa capacidad de generación de empleo directo. En contraste, los sectores que históricamente han concentrado empleo formal —industria manufacturera y construcción— muestran caídas pronunciadas tanto en actividad como en puestos de trabajo: la industria registró una variación promedio de actividad de -8,1% y una caída del empleo formal de -3,2% entre 2023 y 2025; la construcción, de -13,9% y -17,6%, respectivamente. El empleo asalariado privado total acumuló una pérdida de aproximadamente 180.000 puestos entre diciembre de 2023 y noviembre de 2025.
A ello se suma la dimensión territorial: los sectores dinámicos están geográficamente concentrados —Vaca Muerta en la Patagonia, minería en el NOA y Cuyo, agroindustria en la región pampeana—, mientras que las provincias con mayor peso relativo de la industria y los servicios urbanos enfrentan un ajuste de mayor magnitud. Esto abre la perspectiva de desbalances regionales crecientes que el mercado difícilmente pueda corregir de manera espontánea. La apertura que se está operando es, además, de naturaleza profunda y con limitada posibilidad de reversión: los compromisos asumidos en el marco del RIGI y los acuerdos comerciales en negociación generan incentivos y expectativas que anclan la trayectoria de política.
Conclusión: ¿en qué sentido podría ser diferente?
La pregunta que organiza el argumento de la presentación —»esta vez podría ser diferente»— admite una respuesta matizada. En un sentido genuinamente nuevo, el dinamismo exportador en sectores de recursos naturales ofrece la perspectiva de reducir el déficit externo estructural y de moderar la restricción de divisas que condicionó el crecimiento argentino durante décadas. La estabilidad macroeconómica, si se consolida, removería una fuente crónica de volatilidad. En ese plano, hay razones fundadas para sostener que la situación actual difiere de los episodios previos.
Sin embargo, el carácter diferente de este proceso no garantiza que sea socialmente virtuoso. La apertura profunda sin mecanismos de compensación sectorial ni políticas activas de empleo traslada el desafío central hacia la transformación del modelo productivo: ¿cómo generar puestos de trabajo de calidad en un contexto en que los sectores líderes son capital-intensivos? ¿Qué instrumentos pueden mitigar los desbalances regionales que la especialización productiva tiende a acentuar? Estas preguntas remiten a decisiones de política pública que exceden la lógica del programa de estabilización que requieren ser abordadas con una mirada estratégica y con un horizonte de mayor plazo si se pretende que el crecimiento sea económicamente sostenible y socialmente legítimo.
La presentación utilizada en la exposición puede verse aquí RC Presentación IAE jun 2026
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