La fragmentación geopolítica: un nuevo contexto para la economía argentina

Publicado por Ricardo Carciofi el

El pasado 12 de agosto estuve conversando con Francisco Resnicoff, Secretario Ejecutivo de la Fundación Movimiento al Desarrollo. El temario sigue los puntos sugeridos por Francisco. Esta es una versión editada de la transcripción literal del reportaje que, en tono coloquial, preserva las ideas sustantivas del diálogo. Al final del texto se puede consultar la grabación completa de la reunión.

El fin del orden de posguerra

P: Hemos escuchado que hay una era que se termina —la era de la globalización— y que ya estamos efectivamente en una era de mayor fragmentación geopolítica y geoeconómica. ¿Qué significa esa nueva era?

 

R: Hay un mundo distinto. Todos aquellos que tenemos algunos años hemos vivido la formación y el desarrollo del orden internacional de posguerra, que se caracterizó por un avance creciente hacia la formación de una economía global. No fue lineal. Como es sabido, ese mundo se forma después de la Segunda Guerra. Cobra forma en los años 50 y 60, y tiene un primer golpe con los shocks petroleros, en los 70. Había sido precedido por otro impacto que fue el abandono de la convertibilidad del dólar. Si bien fueron remezones considerables, todos estos episodios estuvieron inscritos en la misma línea, incluso cuando se produce el desmoronamiento de la Unión Soviética. A lo largo de ese período se va avanzando de manera gradual hacia una economía global en el marco de un orden unipolar —donde la centralidad de Estados Unidos es el rasgo dominante.

 

La característica de ese proceso es doble. Primero, Estados Unidos fue el rector del sistema. Fue el país que lo diseñó. La historia se remonta a las reuniones de Bretton Woods iniciadas poco antes de la finalización de la Segunda Guerra. Allí había dos figuras clave: Keynes por el lado británico, que representaba a una potencia devastada por el conflicto y con enormes deudas con EEUU, y Harry Dexter White, alto funcionario del Tesoro de Estados Unidos. No obstante la brillantez de Keynes, algunas de sus propuestas fueron dejadas de lado y la arquitectura resultante respondió a lo que Estados Unidos quería.

 

Entonces, hay una línea de avance hacia ese proceso de globalización que, a pesar de episodios notables y de diferentes etapas, continuó avanzando. Un punto destacado es el año 2000, cuando China se integra a la OMC. Pero esto comienza a generar tensiones.

Una tensión muy importante es la crisis financiera de 2008. En esos años, China gana participación en el comercio mundial, gana tamaño y magnitud de su economía hasta finalmente superar a la de EEUU. El resto de las economías desarrolladas —tanto Estados Unidos como Europa— comenzaron así a sentir el impacto de China de forma aguda, tanto en pérdidas de empleo como en el traslado de manufactura a China y el sudeste asiático.

En Estados Unidos, esto repercute de manera singular en la política porque, a diferencia de Europa Occidental, Estados Unidos no tiene un estado de bienestar capaz de amortiguar esos impactos. Allí las tensiones se trasladaron al plano político, y si bien hay una polarización creciente entre demócratas y republicanos, fue surgiendo una coincidencia bipartidaria: “el problema es China.”

 

La ruptura del multilateralismo

En 2017, con la primera presidencia de Trump, esas tensiones que venían administrándose pasan a otra fase: una guerra comercial abierta. Trump aplica aranceles, focaliza en China, hay negociación, pero China cede muy poco a las demandas americanas.

Biden introduce un elemento diferente: preserva gran parte de las medidas arancelarias, pero instala la ‘Cumbre por la Democracia’ (Summit for Democracy) procurando acercarse a los aliados tradicionales de Estados Unidos para contener a China. A la vez reformula el aspecto de la relación comercial en un esquema que Jake Sullivan —el arquitecto de esto en su carácter de Consejero de Seguridad Nacional— describe como ‘cercas altas pero patio chico’ (small yard, high fences); es decir, delimitar los aspectos que hacen a la seguridad estratégica, la defensa y la transición energética, y dejar el resto a una suerte de competencia administrada con China. Esa fue la política de Biden, y es donde se observa una continuidad con Trump I.  Es un regreso a la política industrial: mantiene los aranceles y decide que la respuesta no es solo el arancel, sino el esfuerzo en tecnología y la Ley de Chips. A su vez, estas políticas domésticas en el plano económico son apoyadas en la dimensión estratégica por una mayor proximidad a los socios de EEUU, especialmente de parte de los países desarrollados cuya convergencia central es la defensa de los valores de Occidente.

 

Trump y el replanteo geopolítico

P: Trump decide una especie de replanteo del lugar de Estados Unidos en el mundo, incluso hacia sus aliados. ¿Qué ves en esto?

R: Así es. Trump II elige un punto de partida distinto. Señala que el sistema de reglas internacionales y que las políticas que ha seguido EEUU han operado en su perjuicio. EEUU ha sido estafado por ese sistema. Sostiene que la mayoría de los países se aprovecharon de EEUU, que actuó con generosidad para conducir ese orden global —en el comercio, las finanzas, la apertura de mercados, etc.—.

Aquí una referencia ilustrativa. Richard Baldwin, experto en comercio internacional, ha señalado que la principal motivación de Trump es una actitud de resentimiento (grievance) y que llegó el momento del replanteo y del resarcimiento. Tiene que ver no solo con la cuestión comercial —’Nosotros abrimos y el resto pone trabas’— sino también con una posición respecto del papel del dólar como moneda de reserva. Como es sabido, la economía americana tiene un déficit considerable de cuenta corriente (3,6% PBI) que debería corregirse con una desvalorización del dólar, pero el sendero ha sido de moneda fuerte. ¿Por qué? Porque hay un interés por invertir en Estados Unidos que lleva a un ingreso de capitales que lleva a esa apreciación. Trump cree que esto debe revisarse: ‘Debemos ganar en competitividad’, afirma. El dólar debe debilitarse, pero al mismo tiempo —y aquí hay contradicción— ‘No queremos que deje de ser la moneda de reserva internacional’.

 

La seguridad estratégica reemplaza el comercio

La suma de todas estas acciones ha sido la desarticulación de ese orden internacional de posguerra. Esto es claro en materia de la OMC: la idea de moverse a través de reglas cambia, y comienzan a primar directamente el ejercicio de relaciones de poder. La geopolítica sustituye al multilateralismo en un mundo mucho más fragmentado, donde hay una securitización de la agenda económica. Todo se ve como posible amenaza a la seguridad internacional.

 

Argentina en el nuevo contexto geopolítico

P: Países y regiones buscan mayor autonomía estratégica, necesitan asegurarse la provisión de ciertos bienes. Esto parece ofrecer oportunidades para Argentina. ¿Cómo analizas el rol de Argentina en este contexto?

R: La suma de acciones de Trump tiene una formulación conceptual clara en el documento de seguridad nacional. Ahí define dos cosas importantes: de China habla, pero no es el principal problema; el principal es Europa. Y otro aspecto crucial es que todo el hemisferio occidental es zona de seguridad de Estados Unidos. Allí la situación debe volver a sus cauces y revertir rápidamente el descuido hacia la situación del hemisferio. Hay que tomar nota de la penetración gradual de China en el espacio del hemisferio occidental, básicamente América del Sur. En esa visión, no solo importa el gran planteo político sino también ciertos activos estratégicos: el control del Atlántico Sur, el pasaje de un océano al otro en territorio argentino, el canal de Panamá.

En ese esquema, los recursos naturales de cualquier orden —desde la tierra hasta los yacimientos mineros— adquieren un valor particular. Esto es distinto de un mundo de reglas, donde no había esta preocupación por la seguridad de suministro. Las cadenas de manufactura y servicios se pueden reorganizar por localización; los recursos naturales, no. La tierra productiva está donde está, los bosques están donde están, los yacimientos están donde están.

La conclusión puede sintetizarse en una frase: en el mundo de la geopolítica, los recursos naturales están revalorizados, en particular las commodities asociadas a los mismos. Y ahí estamos nosotros, y también Brasil.

 

El desafío de Brasil

Con Brasil hay un problema singular. Casi todas las economías del hemisferio tienen déficit con China; Brasil, en cambio, tiene superávit. El 30% o 35% de las exportaciones de Brasil van a China, país que ha estado también haciendo inversiones. Además, son socios de los BRICS. Entonces hay una pregunta hacia adelante —que veremos mejor en octubre— sobre cómo se compadece el enfoque de la doctrina de seguridad nacional con la penetración de China en el mayor país del hemisferio.

 

Oportunidades y límites de los recursos naturales

P: Los recursos naturales parecen ofrecer a Argentina un camino posible para exportar mucho más. Pero está el tema del control de esos recursos. La agenda de seguridad nacional puede cambiar. Tenemos inversiones chinas en litio, paneles solares, energía, que hoy parecen continuar, pero no sabemos si en 10 años caerán dentro de un concepto más amplio de seguridad nacional.

R: Hay incertidumbre en ese panorama, pero algunas cosas parecen estar relativamente firmes. La disputa estratégica Estados Unidos-China va a seguir sin visos de conclusión a corto plazo. Segundo, aunque es algo más debatible, la formulación fuerte del documento de seguridad nacional puede modificarse en una futura administración. Es probable que se reformulen ciertos términos, pero el concepto no creo que cambie mucho. Hay una serie de líneas rojas claramente definidas, y otras que todavía no lo están y se irán viendo.

En un mundo fragmentado donde la geopolítica manda, los recursos naturales adquieren importancia estratégica. Eso se expresará en valorización y en el flujo de recursos que puedas obtener. Como ese fenómeno subyacente continúa, esa valorización es por un tiempo largo. Si es así, te brinda una oportunidad, una herramienta que antes no tenías. Hay expectativa de que la energía, la minería, la producción agropecuaria sean, de mínima, una ayuda para resolver nuestros problemas recurrentes de crisis de balanza de pagos, o de máxima, un horizonte de amplias posibilidades.

 

Sin embargo, el otro extremo —creer que esto resuelve todo— no es así. Primero, por la dotación de recursos naturales per cápita: no somos un Estado petrolero, ni Australia, ni siquiera Canadá. Nuestra dotación es menor. Alcanza para un impulso, pero no para llegar a valores de exportación per cápita como países con mayor dotación o menor población.

Un factor a favor de Argentina es que cuenta con un menú variado de recursos. No se trata de un monoproductor. Ahí está la diferencia con Noruega, que tiene petróleo. Nosotros tenemos minería, energías fósiles y el complejo agroindustrial. Eso es importante porque las commodities tienen variabilidades de precios. En 2023 una sequía costó dos puntos del producto. Ahora, el petróleo cotiza a 90 o 95, pero si se normaliza puede caer a 60 o menos. Esas variabilidades dependen de la naturaleza, de las condiciones de producción, del comportamiento de la OPEP y de los principales productores y, como estamos viendo, del riesgo geopolítico que atraviesa a esas mismas commodities. Un ejemplo: febrero de 2022, invasión de Rusia a Ucrania, los precios agrícolas subieron enormemente y mejoraron nuestros términos de intercambio. Es una herramienta que da resultados pero no constituye una solución integral.

 

Otra cuestión importante: tanto en el ámbito agroindustrial como en petróleo y gas, no empezó ayer. La productividad del sector agroindustrial viene con cambios tecnológicos crecientes. Pudo haber sido más rápida: en la comparación con Brasil quedamos atrás, pero hay potencialidad. Vaca Muerta: tenés que remontarte atrás en el tiempo, nada de eso es nuevo.

Yendo a tu pregunta, la valorización es la ventaja singular dado este contexto internacional para el aprovechamiento de estos recursos. Pero hay un tema clave: la captura de la renta de esos recursos.

 

El régimen RIGI: oportunidad y riesgos

P: El gobierno tiene una política clara vinculada a eso: el RIGI (Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones). Argumenta que sin ese régimen esas inversiones no se hubieran concretado. Los números muestran un proyecto todas las semanas, inversiones prometidas muy altas. El gobierno se agarra de eso para justificar que la política funciona. Pero he leído tus opiniones, distintas a las del gobierno. ¿Qué opinás sobre cómo está diseñado el régimen y cuánto sirve?

R: Escribí un trabajo en 2024, justo cuando salió el régimen, tratando de responder cómo se explica una política promocional que utiliza recursos públicos en una administración de ideas libertarias. Una explicación es que se trata de una herramienta para despertar la inversión. En ese sentido es diferente de una política promocional convencional donde se apunta a remunerar alguna externalidad. ¿Cuál es acá esa externalidad?

Con una mirada restrictiva esa externalidad no existe: se apunta a mejorar la rentabilidad de un proyecto cuyos beneficios son apropiados por el inversor. Sin embargo si se parte de que el  clima de inversiones está deprimido y el RIGI es una manera de vencer ese obstáculo, esa es la externalidad. Es un pensamiento típicamente keynesiano, de los espíritus animales. Por eso titulé mi trabajo ‘Cuando Von Mises se apodera del Estado’.

 

Creo en esa argumentación: si se trataba de despertar la inversión, quizás venía bien. Esto no implica dar por descontadas las numerosas críticas que se hicieron al RIGI en el momento de su aprobación parlamentaria. No obstante, el régimen tiene otro atributo que es importante señalar: a diferencia de otros regímenes de promoción industrial, está orientado hacia la exportación, que es lo que Argentina necesita. Pero ocurre que el RIGI dejó intacto el régimen de Tierra del Fuego, orientado al mercado interno. Convive una orientación y otra que va en dirección opuesta, lo cual es difícil de justificar. Eso está en discusión. Y teniendo en cuenta —esto es importantísimo— que esto debilita las bases de recaudación.

 

P: Tiene un costo fiscal enorme.

R: Sí, el RIGI tiene un costo fiscal enorme, aunque no lo podemos cuantificar con precisión. Entonces, aceptado que ha servido para despertar la inversión en algunos proyectos, si sigo esa línea de razonamiento y teniendo en cuenta los costos, uno debería pensar en los límites. El RIGI inicial tiene una duración determinada de dos años. Una posibilidad es decir ‘Se acepta, se aprovecha ahora, pero después se cierra’, porque sabemos la captura de intereses que hay alrededor de esto. Aceptado que es el start-up, después se cierra. Hay otro tema: se define una lista taxativa de destinos, y se están capturando inversiones en petróleo y gas y minería, pero no en infraestructura.

 

P: Eso tiene que ver con cómo podés repagar esos proyectos.

R: Ese es el punto. Ahora, la cuestión crucial sobre si son necesarios o no es clave: aceptado que el propósito es alentar la inversión, hay que tener en cuenta que en petróleo había inversiones en el desarrollo de Vaca Muerta incluso sin el RIGI, y quizás con una cierta normalización macroeconómica hubiera venido igual. Además el régimen original era para proyectos offshore, y la modificación de enero de este año lo lleva también a on-shore. Pero esto no se necesitaba para dinamizar el petróleo en Vaca Muerta. Desde el punto de vista del estudio de cualquier proyecto, obviamente la rentabilidad con RIGI mejora sustancialmente, pero se están dedicando recursos públicos que quizás no eran necesarios. Pero además del costo fiscal está el tema de la asimetría. La promoción se dirige a un conjunto de actividades elegidas.

Y esa es otra justificación: a los beneficiarios del RIGI se los aproxima a una economía con menos impuestos, libre acceso al mercado cambiario por 30 años, estabilidad fiscal por 30 años. Cualquiera podría decir ‘A mí también me gustaría eso’. Esa asimetría es muy grande.

 

La captura de rentas: impuestos y reforma tributaria

P: ¿Qué tiene que hacer Argentina en términos de estrategia de política exterior e inserción productiva global para aprovechar las oportunidades?

R: Antes de ir a esa cuestión cerremos el tema promocional. Está clarísimo en los datos: los sectores de petróleo y gas, no solo con el RIGI, sino toda la señal de política económica responde a demandas históricas. Si vas a los decretos de 2020, 2021, 2022, hay una serie de medidas donde el sector siempre buscó libre disponibilidad de divisas, incluso en la época del gobierno anterior con Chevron. El RIGI plasmó esas demandas: canonizaron aspiraciones que estaban consolidadas. Son cosas que no tienen nada de nuevo en este mundo: el tema de aranceles para importaciones, las disponibilidades de divisas, las restricciones cambiarias.

Hay una respuesta favorable del sector energético, y responde a las señales generales de política económica. Y para mí el aspecto central es que las commodities reaccionan con más producción. Entonces, ¿qué está pasando? Todo el resto del entramado productivo —básicamente construcción, servicios y manufactura— destruye empleo, y los que suman no alcanzan para compensar las pérdidas.

Además hay un problema territorial: esto ocurre en una porción del territorio. Los sectores que reciben un impacto traumático están concentrados en otra parte. Entonces, armar políticas para una transformación productiva es difícil y una tarea en múltiples dimensiones. Pero hace falta replantearse el uso de las rentas que pueden dar estos sectores que llevan ventaja.

P: ¿Y qué te imaginás en términos de política pública? ¿Una especie de fondo soberano? ¿Cómo se captura parte de la renta?

R: Cuando se hizo el acuerdo con el Fondo, salieron dos documentos: el Artículo IV y otro llamado ‘Selected Issues’. Uno de ellos es la cuestión tributaria. El Fondo está preocupado por la caída de la recaudación. Un punto importante es acerca de las retenciones. La lógica es impecable: la reducción y eliminación de los derechos de exportación es una medida que eleva la productividad del sector, la rentabilidad, y eso en parte se capitaliza en el valor de la tierra.

Entonces lo que tiene que plantearse es una reformulación del impuesto inmobiliario rural. La cuenta que da el Fondo es pasar a tres veces la recaudación actual. Ahora, sabemos que son 24 decisiones provinciales; la economía política de eso es complicada.

 

Creo que si seguís el mismo razonamiento, un problema similar te vas a encontrar con el petróleo, porque eso pertenece a las provincias productoras que ahora están recaudando una masa importante de recursos, una parte de los cuales son de tipo transitorio. No conozco los detalles de si están ahorrando. Estos meses post-febrero han tenido un ingreso extraordinario de 40% más. ¿Cómo hacen para ahorrarlo?

 

Dada la ausencia de instrumentos para la captura de la renta de los recursos a nivel del estado nacional hay numerosos obstáculos para la formación de un fondo soberano. Hay que pensar en otros tipos de esquemas. Una cosa que me parece acertada son las retenciones móviles que tiene el petróleo. El problema es que YPF, según entiendo, prácticamente con la extensión que hizo al upstream incluyó casi todo su programa de inversiones dentro del RIGI. En el futuro no se les podrán aplicar derechos de exportación a la producción exportable de estos proyectos porque están blindados por el RIGI.

 

P: Sí, todos los proyectos de 100 mil millones van dentro del RIGI. Es un paraguas.

R: Eso es un tema muy serio, y es un blindaje por 30 años con jurisdicción extranjera para disputas contractuales y solución de controversias.

 

La política exterior como eje ordenador

Entonces viene un tema muy complejo: el de la política exterior y las relaciones económicas internacionales. Si hay algo que responde a la definición de política de Estado es la política exterior porque sus objetivos trascienden la gestión de un gobierno. Como dicen los expertos, el propósito principal de la política exterior es la defensa de los intereses permanentes de la Nación. Por tanto es necesario disponer de un consenso que trascienda la mirada de un gobierno.

Frente al alineamiento estricto del gobierno actual con Estados Unidos e Israel, no sé en qué medida subsiste el consenso nacional. Si ese consenso no existe, el costo de oportunidad de vaivenes en ese frente puede ser altísimo. Si por ese alineamiento uno perdiera comercio, inversiones, acuerdos comerciales, ¿cómo se compensa?

Conviene observar un ejemplo concreto: nuestra relación con Brasil. Hay toda una serie de temas donde el Mercosur se tiene que poner de acuerdo para poner en marcha el acuerdo con la Unión Europea -tal el caso el uso de cuotas, las normas fitosanitarias, medidas aduaneras de circulación intrazona. Si el bloque no funciona bien, la dinámica del acuerdo se desequilibra. La gravitación mayor está del lado de los dos grandes mercados en juego: Europa y Brasil. Existe el riesgo de menores beneficios en un funcionamiento desequilibrado.

En 2019, Argentina tuvo un rol activo tratando de cerrar el acuerdo técnico.

 

P: Mi impresión es que estamos en una oportunidad de redinamizar el Mercosur como casi nunca antes, después de un tiempo que venía mal. Ves que Canadá dice ‘Quiero avanzar’, Japón dice ‘Quiero avanzar’, Reino Unido dice ‘Quiero avanzar’. Se abren un montón de oportunidades que ocurren en un contexto donde la sintonía política de Argentina y Brasil tiene momentos de mínimos históricos. Pero eso no va a ir muy lejos porque la negociación la lleva Brasil, que es cuatro veces más grande que Argentina. Si además estamos tan distanciados diplomáticamente, no vamos a tener influencia.

R: Mi sensación es que Brasil busca aligerar un poco la relación con China. De hecho, Lula apoyó el acuerdo. Hay que ver. Volviendo a las ventajas del alineamiento irrestricto se podría argumentar que gracias a eso, Argentina obtuvo el rescate financiero del Tesoro. Pero también es cierto que es responsabilidad de la política económica no tener que depender de ese tipo de recursos de emergencia. Esto es muy serio. El aprovechamiento de las ventajas del país está condicionado por esa definición de política exterior. Una de las características de este gobierno es que ha elegido la política exterior como principal guía para ordenar la política interna.

 

P: Coincido 100%. De todas las dificultades que tiene Milei internamente, hay una vía de escape que es la exterior.

R: Además, como una suerte de legitimación indirecta. Se firmó el entendimiento bilateral con EEUU y se utilizó ese acuerdo para definir cuestiones internas bajo esa perspectiva. Es el caso del RIGI: es una decisión de 2024, pero en 2025 ya se habla de acuerdos de minerales críticos, Pax Silica, inversiones estratégicas, cosas que no estaban contempladas originalmente.

 

P: Es fundamental.

R: Es un tema central que a futuro define muchas de las otras cuestiones del desarrollo.

 

El video de la reunión se puede consultar aquí. 

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