Brasil después de las elecciones: relación con la Argentina, Mercosur y los mercados

Tras la victoria de Lula da Silva en el balotaje brasileño, y en un contexto en que el gobierno argentino aún no se ha pronunciado sobre el resultado, me entrevistaron en el programa “Hay Señal” emitido por Radio UBA, en el día de hoy 27 de Octubre. El diálogo giró alrededor de las implicancias para Argentina, el Mercosur, los mercados y la relación bilateral. Se reproduce a continuación una versión editada de la conversación. Al final del texto se puede escuchar el audio con la grabación completa de la entrevista.
El resultado electoral en Brasil genera cierta inquietud acerca de cómo seguirá la relación con la Argentina, especialmente en el terreno comercial y económico. ¿Cómo lo evalúa?
El gobierno argentino había depositado expectativas, interés y apoyo en la candidatura de Flavio Bolsonaro. El resultado de la elección fue otro. Corresponde ahora aceptar esta realidad y asumir los hechos: Lula será presidente de Brasil durante los próximos cuatro años, y hay que convivir y adaptarse a esa situación. Ese es el dato de partida.
Un primer paso es reconocer la existencia del nuevo presidente —con el lenguaje formal propio del caso— y conducir la relación con Brasil por este nuevo carril. Todos los países de la región lo hicieron, independientemente de su orientación política, incluidos gobiernos que habían expresado apoyo abierto a F. Bolsonaro, como es el caso de Colombia. Es un gesto, pero es el primer acto de carácter diplomático para encauzar la cuestión.
¿Qué está en juego de aquí en adelante? Hay datos centrales. Brasil es aproximadamente tres veces más grande que la Argentina en territorio, más de cuatro veces en población, y su economía es también significativamente mayor. Es un país-continente, de gran magnitud, pero además es vecino: compartimos frontera y proximidad geográfica, y esto no califica como “un problema inmobiliario”. No hay opciones alternativas de localización. Las relaciones bilaterales son siempre importantes, pero tienen un matiz singular en el caso de los vecinos; ocurre con Chile, con Bolivia y con los demás.
El segundo elemento es que, además de las diferencias de tamaño, nos vincula un arreglo singular: el Mercosur. Es un tratado de integración —en esencia, de comercio y economía— que funciona desde 1991 y que tuvo como antecedente los acuerdos entre Alfonsín y Sarney. Ese fue el esfuerzo de décadas atrás: ubicar la relación con Brasil por fuera de la lógica de competencia planteada, que había crecido en los 70s. en el clima de los gobiernos militares a uno y otro lado de la frontera. El Mercosur es hijo directo de la recuperación democrática en ambos países.
Y ha dado resultados. A comienzos de los noventa el comercio entre las dos economías era prácticamente inexistente. Intervinieron distintos factores, pero el Mercosur favoreció un mayor flujo comercial y de integración. En los últimos años se dio además un paso importantísimo: la concreción del acuerdo con la Unión Europea, tras una larga negociación de más de veinticinco años, lo que da una idea de la dificultad del proceso. Del lado europeo hay una aprobación provisional —todavía no ha sido ratificado por el Parlamento Europeo—, pero estamos a las puertas de una relación comercial y económica relevante con uno de los tres grandes polos de la economía mundial, junto con Estados Unidos y China. Es una oportunidad que se abre y que exige mucho trabajo para que se materialice en logros concretos.
Me circunscribo entonces estrictamente al plano económico. Tenemos un Mercosur en funcionamiento. Aproximadamente el 15-16% de nuestras exportaciones se dirige a Brasil, un mercado grande en el que hay margen para crecer. Brasil es también, junto con China, nuestro principal proveedor de importaciones. El vínculo comercial está fuera de toda duda, y existe además el plano de las inversiones. A ello se agrega ahora la integración energética: con Vaca Muerta vamos a tener excedentes de gas y podremos exportarlos a Brasil. El capítulo energético tampoco es nuevo: Itaipú y Yacyretá son producto de la coordinación regional para el aprovechamiento hídrico de la cuenca del Plata.
Hay, insisto, algo consolidado, y no es menor. Obviamente que se puede ampliar: el comercio podría crecer, podríamos tener un mejor Mercosur. Todo eso es cierto, pero lo existente no es menor si se mira desde dónde se partió; hay que verlo en su trayectoria histórica. Y para avanzar es necesario poner la vinculación con Brasil en un carril de entendimiento y cooperación. Por eso los especialistas en relaciones internacionales sostienen que las relaciones políticas, comerciales y diplomáticas deben conducirse privilegiando el “interés nacional”, es decir, el interés permanente de la nación, porque importa su dimensión presente pero también su proyección a futuro. No nos vamos a mudar de barrio: las generaciones y los gobiernos pasan. Esto no impide manifestar preferencias o entenderse mejor con una u otra administración, pero nunca debe perderse de vista que lo permanente es el interés nacional.
Un punto importante para cerrar esta idea: hasta ahora, los episodios de tensión y disputa que conocimos no han afectado el vínculo económico y comercial, pero lo han dejado en una meseta. No hay una proyección de crecimiento. Hace falta otro clima para que la relación pueda crecer y mejorar.
Tras conocerse los resultados cayó la bolsa brasileña y el real se depreció con fuerza. En la Argentina subieron el dólar y el riesgo país. ¿Son fenómenos vinculados?
Hoy los mercados financieros están perfectamente comunicados. El Bovespa cayó ayer, al día siguiente de la elección, 13,8% en un día y el real cerca de 8%; aquí se movió sobre todo el contado con liquidación, que subió en torno a 2,5%, y subió el riesgo país. Son expectativas de los mercados financieros. Es razonable que el BCRA haya intervenido menos en el mercado spot —entiendo que intervino en el de futuros— y haya dejado correr un poco la cotización para mejorar el tipo de cambio bilateral. Si el real se deprecia, nuestros productos se encarecen en el mercado brasileño. Me parece una maniobra interesante: dejar correr un poco el dólar para no perder competitividad frente a Brasil. Esta mañana leía titulares que aludían al impacto en la Costa Atlántica de la depreciación del real porque, efectivamente, pierde competitividad frente a la opción de veranear en Brasil. Aunque el titular llame la atención es un aspecto de interés porque hace a la cuenta de turismo donde tenemos saldo negativo. Ocurre que en esta ocasión, además del dólar, habrá que tener en cuenta a El Niño: la cuenta no es solo cambiaria, también hay que incluir el dato meteorológico.
Los fenómenos, entonces, están vinculados. Pero hay algunas cuestiones importantes. La reacción de los mercados en Brasil es bastante entendible. En primer lugar, por un dato político: Lula ganó la presidencia, pero enfrenta un Congreso muy adverso, que se definió en la primera vuelta y está dominado básicamente por fuerzas de derecha. Lula posee una coalición parlamentaria del PT con otros partidos, y está el famoso Centrão, un conjunto de legisladores que ganará gravitación y será, muy probablemente, el ámbito real de negociación entre el bloque de Lula y el de la derecha bolsonarista —o de una reconfiguración de lafuerza que encabeza el Partido Liberal. Es cierto que Lula ya ha gobernado sin un Congreso favorable y tiene habilidad para hacerlo, pero el frente político es complicado.
El segundo dato, que ya se conocía, es económico. Las finanzas públicas brasileñas no están equilibradas: el déficit fiscal ronda el 9% del producto y la deuda pública, el 90%. Se necesita un programa de ajuste fiscal que la administración de Lula fue postergando, con medidas relativamente menores cuyo efecto se va agotando. La consecuencia es una tasa de interés del 14%, algo así como 9% en términos reales: un nivel muy alto, producto del desequilibrio fiscal.
Debo decir también que, pese a estas dificultades, la última administración de Lula —y también las anteriores dos— se han caracterizado por una gran consistencia macroeconómica. Ha negociado y arbitrado, ha pospuesto decisiones, pero no ha desequilibrado la macroeconomía: la inflación es baja, hay reservas, el tipo de cambio se mueve dentro de una banda muy razonable y no hay desequilibrios profundos. Salvo la cuestión fiscal, que debe corregirse y requiere reformas, el resto lo ha administrado con mucha responsabilidad. Frente a esa situación de partida y a sus objetivos, optó por postergar, por correr el horizonte de esas reformas. ¿Cuál es el costo? El bajo crecimiento. Brasil viene creciendo poco y el pronóstico para el año próximo ronda el 1,8-1,9%. Hacia adelante, la cuestión es cómo gestiona Lula la política fiscal, qué reformas logra negociar y qué consigue con ellas. No es un panorama de crecimiento alto ni mucho menos.
Para cerrar, ¿qué indicadores deberíamos seguir para saber si el resultado electoral en Brasil perjudica o beneficia a la economía argentina?
Hay que estar atentos a varios temas. Uno de ellos, el más obvio por su relevancia es el frente comercial. Podría ocurrir, aunque lo considero improbable, que a raíz de estas situaciones en el espacio bilateral, Brasil adopte una posición más restrictiva hacia las exportaciones argentinas aplicando diversos tipos de obstáculos. No creo que eso ocurra en lo inmediato pero, obviamente, hay que estar atentos y manejarse con cuidado. Más aún, en el sentido opuesto: si hay señales desde aquí, no veo inconvenientes para que, con gestos cautos y sin esperar nada demasiado ambicioso, se reduzca la tensión y la relación se regularice en el plano diplomático. Sería natural que vuelva el embajador de Brasil, que la Argentina despache nuevamente su embajador a Brasilia y que se pueda empezar a trabajar. Hay elementos para eso, pero tampoco es obvio que vaya a ocurrir en breve.
Hay un tercer elemento. Hasta ahora pivoteamos sobre la relación bilateral, pero está también Estados Unidos, y eso no es nada menor. En el último año y medio apareció un elemento novedoso: las acciones de la administración Trump respecto de Brasil, con aranceles y medidas de diverso tipo. Es algo nuevo, porque el socio de atención privilegiada de Estados Unidos en América Latina, y sobre todo en América del Sur, fue siempre Brasil, por razones obvias de tamaño. La pregunta es cómo se conducirá esa relación. Trump dijo ayer que siempre tuvo una buena relación con Lula, lo que ya indica hacia dónde podría moverse (hasta el momento de esta conversación EEUU no ha emitido los saludos protocolares hacia el nuevo gobierno.) Habrá que ver qué ocurre con las medidas arancelarias y con las otras medidas que están vigentes, y cuáles son los signos de cambio respecto de la situación actual.
Sobre todo, importa cómo puede incidir la relación con Estados Unidos en la relación de Brasil con China, y esto sí es clave. Alrededor del 27-28% de las exportaciones brasileñas se dirige a China, y Brasil tiene superávit con ese país; nosotros, déficit. A Brasil le interesa preservar esa relación: hoy es el principal proveedor de soja del mercado chino, donde sustituyó a Estados Unidos. Y aquí hay un cruce interesante: gran parte de la canasta exportadora de Brasil a China proviene de actividades —agroindustriales, mineras— que no son precisamente la base del PT ni de Lula. Son votos que se inclinan más bien hacia la derecha. Hay ahí una coincidencia de intereses entre ese sector de votantes y el interés por China. Por eso era previsible que, aun en caso de triunfo de F. Bolsonaro, la relación con China se habría conducido con sumo cuidado y que, aun bajo presión de Estados Unidos, Brasil buscara contrapesar uno y otro vínculo. Los intereses comerciales y económicos de Brasil con China son importantes, más allá de la cuestión política, del papel de los BRICS y de cómo se ubican uno y otro respecto de los conflictos que afligen al actual panorama global.
En síntesis, ¿a qué prestar atención? Al frente comercial, al desarrollo del Mercosur y a la agenda con Europa, y a cómo se recompone y continúa la relación entre Estados Unidos y Brasil, porque eso también nos va a afectar.
El audio de la entrevista puede escucharse aquí:
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